miércoles, 13 de julio de 2011

Discurso en el acto de homenaje a la Revolución Cubana realizado en Santiago el 26 de Julio de 1973

Rendimos homenaje a Cuba para hacer la revolución
Bautista van Schouwen.

Discurso en el acto de homenaje a la Revolución Cubana realizado en Santiago el 26 de Julio de 1973.

COMPAÑEROS Juan Carretero y Héctor Sánchez, representantes de la
Embajada cubana en Chile, a quienes agradecemos su generosa y combativa
presencia en este acto.
COMPAÑERAS Y COMPAÑEROS TRABAJADORES.
COMPAÑERAS Y COMPAÑEROS MILITANTES DEL MIR:

Queremos rendir un homenaje al vigésimo aniversario del asalto al Cuartel
Moncada, que ya ha sido calificado muchas veces como el verdadero asalto a la
historia de los revolucionarios cubanos.
Y no rendimos este homenaje por casualidad. Lo hacemos fundamentalmente
porque queremos rendir un homenaje a una revolución de verdad; a una revolución
que en el transcurso de su camino resolvió los problemas fundamentales de toda
revolución. Una revolución que resolvió el problema del poder, problema esencial a
cualquier proceso revolucionario.
Rendimos homenaje a una revolución que al tiempo de andar definiera su
carácter como revolución socialista y proletaria. Rendimos homenaje a una
revolución que ha ido resolviendo el problema de la conducción de las masas y de la
correcta relación entre su vanguardia revolucionaria y el conjunto del pueblo.
Rendimos homenaje a una revolución que ha sabido generar y crear un
poderoso ejército revolucionario, cuya esencia y cuya fortaleza se pone de
manifiesto en que se apoya y cada vez más solidifica sus lazos con el conjunto del
pueblo, que no desarma el pueblo, sino que precisamente se apoya en él,
Rendimos homenaje a una revolución de verdad.
Queremos rendir homenaje a una revolución que a lo largo de ya más de una
década ha puesto en práctica un verdadero y generoso internacionalismo proletario.
Muchos de sus cuadros, entre ellos el Che, entregaron sus vidas en tierras
que no eran las suyas. Para ningún revolucionario chileno, de América latina y
otros pueblos del mundo puede serle indiferente el apoyo que la revolución cubana,
a pesar de sus múltiples dificultades, ha entregado sistemáticamente. Nosotros
saludamos este internacionalismo proletario hoy día.
Rendimos homenaje también a una revolución que ha luchado
intransigentemente, inclaudicablemente, contra la más poderosa de las potencias
del mundo; contra la Roma imperial de nuestros tiempos: el imperialismo yanqui.
Rendimos homenaje a una revolución que fue capaz de resolver, previo al
asalto al poder, en el asalto al poder y en la mantención del poder revolucionario,
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las formas de lucha más convenientes, más adecuadas a las circunstancias reales de esos sucesivos enfrentamientos.
Queremos, en fin, rendir homenaje a una revolución de verdad. A una revolución que en los momentos más difíciles, en los momentos más cruciales, especialmente en aquellos momentos en que las vanguardias aparecían como una exigua minoría, se impuso la decisión revolucionaria, la audacia revolucionaria, la seguridad en el triunfo cuando una revolución efectivamente se apoya en las masas y cuando sabe interpretar el conjunto de las masas.
En fin, rendimos homenaje a ese asalto a la historia, a la audacia, a la decisión revolucionaria que históricamente presidió el 26 de julio de 1953, la gesta heroica del asalto al Cuartel Moncada.
Rendimos homenaje a una revolución precisamente para hacer la revolución.
Y rendirnos el homenaje a una revolución no por casualidad ni porque sencillamente coincidan fechas formales Rendimos homenaje a una revolución, precisamente, para hacer la revolución. Para extraer de la revolución cubana sus enseñanzas fundamentales, sus lecciones moleculares, para hacer la revolución en Chile, y para que quizás el día de mañana, revolucionarios chilenos vayan a combatir a otros países y efectivamente cristalizar ese sueño magnífico del Che, la revolución continental de América latina.
Rendimos este homenaje a la revolución cubana para hacer nuestra revolución, y entiéndase bien, para hacer nuestra revolución, que aun está pendiente en Chile y que pena por su ausencia.
Oráculos impotentes, generales de la derrota, enfermizos del sectarismo nos acusarán el día de mañana que hemos tratado de usar a la revolución cubana para nuestras posiciones. Y nosotros queremos responder de antemano: si señores, haremos uso no de la revolución cubana, sino de su ejemplo, para hacer esta revolución en Chile, para hacer nuestra revolución. Y usaremos su ejemplo, y lo haremos tantas veces como podamos, para hacer esta revolución que falta: la revolución de los humillados contra los privilegiados, la revolución de los más contra los menos, en fin, la revolución de los explotados y oprimidos contra sus explotadores centenarios.
Los pueblos que luchan no hacen homenajes a las revoluciones por afanes idílicos o por cantar alabanzas poéticas a otros pueblos. Lo hacen para aprender de ellas; para obtener sus lecciones fundamentales; y no sencillamente para hacer teoría, sino para hacer revoluciones, para transformar los programas de la revolución en práctica revolucionarla consecuente.
Los pueblos hacen homenajes a las revoluciones; miran hacia el pasado para poner en marcha y para poner en práctica su propia perspectiva revolucionaria y liberadora.
Haremos el uso tantas veces podamos de la revolución cubana porque partimos de la base que las revoluciones no pertenecen a nadie en particular. Pertenecen a la historia, a los pueblos, a la humanidad; y los pueblos buscan en esas revoluciones los programas, los objetivos, las lecciones que ellos mismos pueden poner en práctica hoy y mañana.
Como Fidel dijera en la Segunda Declaración de La Habana: "¿Y qué enseña la revolución cubana? Que la revolución es posible; que los pueblos pueden hacerla y que en el mundo contemporáneo no hay fuerzas capaces de impedirla".
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La posibilidad de una revolución no es gratuita.
Una cosa es que una revolución sea posible, y otra cosa es que sea realidad. Y por tanto, la tarea fundamental consiste precisamente en convertir una posibilidad en realidad revolucionaria. Ello depende de la fuerza que se acumule, del programa que oriente esa fuerza, de la organización que se logre y de la decisión revolucionaria que la impulse.
Precisamente ésta es la tarea en Chile: cómo hacer realidad las inmensas posibilidades que hoy existen objetivamente en el seno pletórico de las masas chilenas, de los explotados, de los ofendidos, de la clase obrera y el pueblo de Chile.
Esta es precisamente la tarea. Y nosotros queremos señalar a este respecto, que vivimos momentos muy difíciles y trascendentales. Podríamos decir que vivimos momentos en los cuales lo táctico se hace al mismo tiempo estratégico, o por mejor decir, en que las decisiones que se asuman hoy día tienen una directa incidencia en la perspectiva del mañana. Vivimos momentos en los cuales el futuro no se decide en el futuro. El futuro se está decidiendo hoy; está presente en el presente de hoy.
El nivel de la lucha de clases en Chile es de tal magnitud, ha llegado a tales límites, se ha polarizado y agudizado en tal forma, que amenaza con romper y resquebrajar toda la estructura centenaria, institucional y de dominación patronal en Chile. Podemos decir que la institucionalidad chilena está en crisis profunda que ya no puede contener por más tiempo esta lucha que pugna por romper las añejas estructuras y por resolver la creación de una estructura nueva, de una estructura institucional revolucionaria.
Toda táctica que trata de ganar tiempo mediante el "diálogo" es una táctica de derrota.
El Estado de los patrones está en crisis, especialmente después del 29 de junio1. Fue un proceso -el conato golpista- que echó a andar poderosas fuerzas subterráneas, que estaban a duras penas sostenidas en esta vetusta estructura institucional.
Podemos decir que hoy estamos sentados en una bomba de tiempo. Que el problema que los revolucionarios chilenos tenemos que resolver es a dónde dirigir la energía de esa bomba social y política que hoy se anida en las entrañas más profundas de la lucha de clases, que pugna por parir un poder nuevo, una revolución distinta; esta presión y esta caldera presionan hoy día por construir definitivamente el socialismo en Chile.
Por eso pensemos que toda táctica que trata de ganar tiempo, mediante el diálogo y las concesiones a los patrones, es una táctica equivocada, es una táctica de derrota y no de triunfo. Nosotros queremos señalar que las clases patronales, con Frei y Jarpa a la cabeza, en verdad no quieren el diálogo. Lo que las clases dominantes quieren hoy en Chile, en el plano inmediato, es la capitulación del Gobierno en toda la línea; es ponerlo de rodillas para que en el plano mediato lo
1 El 29 de Junio de 1973 un grupo de oficiales del regimiento de blindados Nº 2, vinculados a Patria y Libertad inició un intento de golpe de estado, marchando con sus tanques (por eso se le denominó "tanquetazo") al centro de Santiago y amenazando La Moneda. Las masas se movilizaron, el mando del Ejército controló la situación. Entre los 22 muertos figura el camarógrafo argentino Leonardo Henrichsen, quien filma el instante en que se le da muerte. Los organizadores civiles del golpe (Pablo Rodríguez, John Schaeffer, Manuel Fuentes, Benjamín Matte, Juan Eduardo Hurtado) se asilaron en la embajada de Ecuador.
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derroquen e instauren una dictadura sanguinaria y represiva sobre las masas oprimidas de Chile.
Sin embargo, los patrones usan a sus tontos útiles, que algunos levantan como representantes generales y genuinos de la clase dominante; usan a esos tontos útiles, que a lo más son furgones de cola de la clase dominante, para llamar al "diálogo" con el Gobierno y con los reformistas.
Pero en verdad el diálogo no es la táctica de las clases dominantes. A lo más, es una pieza de la táctica general que pretende concretamente tentar y generar esperanzas en los sectores reformistas de la Unidad Popular y del Gobierno para que éstos se conviertan en poleas de transmisión, utilizando su influencia en las masas, para introducir en ellas el virus de la ilusión pacifista, de la ilusión democrática, de la esperanza en el "diálogo" con los patrones y en la colaboración de clases.
Nosotros sostenemos que el "diálogo" es una pieza simplemente de una máquina y de una estrategia reaccionaria para derrocar el Gobierno, para aplastar a los trabajadores.
El diálogo con los patrones es suicida.
Y ahí vemos, compañeras y compañeros, cómo los sectores reformistas (especialmente los más recalcitrantes) se entusiasman nuevamente con esta proposición idílica del "diálogo", mientras los patrones aprovechan cada minuto, cada instante, para acumular más fuerza, para pasar a la ofensiva, para tomar la iniciativa y mantenerse en el campo de la iniciativa reaccionaria. Es decir, para acumular fuerzas para nuevos e inmediatos emplazamientos y chantajes civiles y militares al Gobierno.
En este sentido, es necesario alertar a los trabajadores y al pueblo: estamos hoy viviendo en Chile, precisamente a expensas de este emplazamiento civil y militar abierto que va creciendo cada vez más, el inicio de lo que se ha calificado como un "golpe blanco". Claro, éste no viene acompañado con todo ese cortejo de brutalidad que es un "golpe abierto". Pero en Chile este emplazamiento político y militar al Gobierno, de los sectores reaccionarios de las Fuerzas Armadas y las clases patronales, de hecho, está evidenciando la existencia de un comienzo de un "golpe blanco", frente al cual las clases trabajadoras, las masas empobrecidas y los revolucionarios de dentro y de fuera de la Unidad Popular, tienen que tomar mucha conciencia, tienen que estar muy alertas, seguir trabajando en la tarea urgente de la revolución, en la perspectiva del trabajo cotidiano para hacer efectivamente la revolución en Chile.
Por eso hemos dicho que el diálogo con los patrones es suicida. No porque nosotros estemos en contra de cualquier diálogo; el diálogo, compañeras y compañeros, es un instrumento que los revolucionarlos tienen que usar, podemos usar, es conveniente usar. No nos oponemos al diálogo por principio. El problema es con quién se dialoga. Y nosotros proponemos que el diálogo no puede hacerse con los enemigos jurados del pueblo, sino que debe ser un diálogo con el pueblo mismo, con los trabajadores, con los obreros. ¡Con los obreros y el pueblo se dialoga; a los enemigos se les aplasta!
Nosotros pensamos que hay que dialogar, pero el problema es para qué se dialoga. Nosotros pensamos que el diálogo debe hacerse para acumular fuerzas, para que las fuerzas de la clase obrera y los pobres de la ciudad y del campo sean cada día mayores; y no para fortalecer las posiciones de los enemigos.
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Es decir, ¿para qué proponemos un diálogo? Para acumular fuerzas y para combatir a los enemigos con los cuales no hay ninguna posibilidad ni de conciliación ni de nada. Conciliar y dialogar para fortalecer las posiciones enemigas no lleva al triunfo, lleva a la derrota de la clase obrera. Por esto hemos dicho: dialogar para aumentar la fuerza del proletariado y del pueblo, y para aplastar a los reaccionarios en Chile.
Nosotros, marxistas-leninistas, sabemos perfectamente bien, a propósito del "diálogo", que ésta es una lucha de clases, una lucha irreconciliable y antagónica entre clases. Es un enfrentamiento inevitable entre las clases que se agrupan en torno a la clase obrera y las otras capas que se agrupan en torno a la burguesía y el imperialismo.
Asumir la lucha de clases en su perspectiva como guerra de clases.
Nosotros no pensamos como los reformistas, quienes partiendo de la lucha de clases intentan idílicamente generar un proceso de colaboración imposible.
Nosotros pensamos, por el contrario, que la lucha de clases solamente puede ser asumida en perspectiva, como "guerra de clases" y que la misión de los revolucionarlos es formar precisamente el ejército de soldados combatientes por la causa del socialismo.
Nosotros pensamos que hay que prepararse para esta "guerra de clases", porque en estas circunstancias ya no vale la fuerza de la razón sino, por el contrario, lo que hoy día vale sustancialmente para el triunfo de la revolución es la razón de la fuerza.
Por lo tanto, nosotros tenemos que aumentar y seguir aumentando todos los días la fuerza revolucionaria. El problema es, entonces, levantar una táctica y una estrategia que efectivamente asegure la fuerza a las masas explotadas y a su vanguardia: la clase obrera. Una táctica que de fuerzas y que no debilite permanentemente la fuerza de la clase obrera y el pueblo.
¿Quién ha ganado con el diálogo?
Pero veamos, compañeras y compañeros. Los vacilantes y reformistas plantearon el diálogo hace ya un mes atrás. ¿Y qué ha pasado? ¿Cuánta fuerza se ha ganado desde esa fecha a esta parte con su táctica del diálogo? Yo les pregunto a los compañeros, ¿cuándo teníamos más fuerza, ayer con los golpistas replegados, escondidos en sus cuchitriles, o ahora, en que se han asociado a los chantajistas y los emplazadores y se articulan a nivel nacional?
Yo quiero preguntarle a los compañeros, ¿cuándo teníamos más fuerza? ¿Si ayer con todas las fábricas tomadas en manos de la clase obrera para ponerlas al servicio de todo el pueblo, o por el contrario, hoy día, en que la clase obrera se ha visto sometida a desalojos, a represiones y allanamientos vejatorios y ultrajantes?
Yo quiero preguntarle a los compañeros, ¿cuándo teníamos más fuerza? ¿Si ayer, cuando existía, hace un mes atrás, una sólida y compacta unidad entre el pueblo y los soldados y los oficiales antigolpistas, o ahora, en que existe toda una maniobra de las clases patronales para precisamente debilitar esa unidad que es tan necesaria e imprescindible entre el pueblo y los soldados?
Yo quiero preguntarle a los compañeros, ¿cuándo teníamos más fuerza? ¿Si ayer, cuando los patrones estaban a la defensiva y dando explicaciones, o ahora,
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que están insolentados y que exigen cada vez más condiciones para ir a este idílico llamado al "diálogo”?
Yo quiero preguntarle a los compañeros, ¿cuándo teníamos más fuerza? ¿Si ayer, cuando el "tanquetazo", en que la clase obrera y el pueblo estaban sólidamente unidos y compactos contra la agresión patronal, o ahora, en que los reformistas han conseguido con sus mentiras y sus injurias generar divisiones en el pueblo?
La respuesta es categórica y muy clarificadora.
Ayer nomás, el Presidente Allende y Luis Figueroa, presidente de la CUT, desde las salas del edificio Gabriela Mistral2 hacían llamados insistentes al "diálogo" con un sector de los patrones manifestando su disposición de conciliar a respetar el estado de derecho burgués, a injuriar groseramente la movilización legítima del pueblo y los revolucionarios, a desautorizar y combatir la existencia pujante del poder popular. ¿Y qué se ha logrado?
Hoy, ese pinganilla de Vilarín3 promueve el paro reaccionario de dueños de camiones. Hoy, los oficiales reaccionarios y golpistas de las Fuerzas Armadas prosiguen impunes, emplazando el Gobierno y allanando y vejando locales sindicales y poblaciones4. Hoy, el señor Aylwin, presidente del PDC, levanta más y más exigencias reaccionarias contra las masas.
Esta es, compañeras y compañeros, la respuesta que los patrones dan al "diálogo" que hoy han propuesto los reformistas. Pero esto del "diálogo” del reformismo no es nuevo como táctica, no es nuevo ni casual. Ahí está el antiguo proyecto de devolución de empresas del señor Millas, hoy día remozado por el nuevo proyecto Cademártori. Ahí están los sistemáticos y reiterados votos de respeto al Estado de Derecho burgués planteado por los señores reformistas. Ahí están los ataques a la llamada "ultraizquierda", término despectivo para referirse a la izquierda revolucionaria, precisamente porque ésta ha obstaculizado los planes reformistas de colaboración de clases.
En este sentido es conveniente mencionar los ataques no sólo profundamente mentirosos sino altamente injuriosos que la señora Gladys Marín hiciera recientemente contra los revolucionarios y el MIR. Nosotros queremos denunciar francamente que estas expresiones odiosas, al igual que las del resto del reformismo recalcitrante, lo único que significan es, de hecho, darle luz verde a los oficiales reaccionarios y golpistas y los patrones para que tengan mejores condiciones para reprimir brutalmente a los revolucionarios y al pueblo. Combatir a la izquierda revolucionaria y las movilizaciones de las masas hoy en Chile es, de hecho, estimular la represión directa a los revolucionarios y al pueblo. Es caer en la complicidad de la represión reaccionaria. Y nadie, entiéndase bien, nadie puede
2 Discursos en el Plenario de Federaciones de la CUT el día 25 de julio. Allende llama al diálogo a los sectores "que estén por los cambios", para evitar la guerra civil.
3 Se trata de León Vilarín, dirigente del gremio de los transportistas que, financiado por los Estados Unidos, fue la punta de lanza de la movilización gremial contra el gobierno de Salvador Allende. Ese día la Confederación de Dueños de Camiones de Chile inicia huelga nacional e indefinida contra el gobierno de Allende.
4 En los días inmediatamente anteriores, Carabineros allanó violentamente el Canal 9 de Televisión azuzado por el ultraderechista rector Edgardo Boeninger; soldados del regimiento de Puente Alto golpearon a militantes de la Juventud Socialista, el general Carlos Prats salió en defensa de las actuaciones represivas del coronel Manuel Contreras Sepúlveda, comandante del regimiento de Ingenieros de Tejas Verdes, etc.
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soslayar las consecuencias objetivamente represivas que se derivan de los ataques reformistas a los revolucionarios.
A esto queremos lateralmente responder, diciéndole a los reformistas que el MIR ya fue una vez perseguido por el reaccionario y antipopular Gobierno de Frei. Fuimos buscados por todas partes; intentaron, reprimirnos como fuera y, sin embargo, el MIR resistió combatió se fortaleció y salió airoso de la prueba. Éramos en ese tiempo un pequeño partido, de muy temprana edad y, sin embargo, el Gobierno de Frei se melló los dientes con el MIR.
Ya fuimos perseguidos y respondemos que hoy el MIR no es el del año 69, ha madurado política y orgánicamente. Sectores poderosos y crecientes de las masas apoyan las políticas revolucionarias. Queremos entonces decir, así como ayer, ¡resistiremos por los métodos que sean cualquier intento de represión al MIR y seguiremos combatiendo!
La ley de uso y control de armas, otro producto del diálogo,
Compañeras y compañeros, esto del diálogo, hemos visto que no es nuevo ni casual. Ahí está para botón de muestra, ¡Y qué botón, compañeros! La Ley de Uso y Control de Armas5. Ésta es un producto del diálogo, porque la ley fue promulgada por Allende y porque muchos parlamentarios de la UP se abstuvieron o hicieron caso omiso del peligro que ella encerraba, en manos de las clases patronales, contra el pueblo. Y los únicos que se opusieron terminantemente fueron los revolucionarios, el MIR.
Y esta ley, usada con intereses patronales, pretende hoy, bajo el expediente de controlar a supuestos grupos armados en la izquierda, colocar a las FF. AA. contra el pueblo.
Y hay que decirlo muy claramente: No han sido los revolucionarios hasta hoy día, quienes han estado usando armas. Han sido los reaccionarios, por ejemplo, que el 29 usaron armas contra el pueblo. ¡Y no una armita así, compañeros! ¡Usaron tanques, nada menos!
Una ley que pretende arrastrar a las Fuerzas Armadas contra el pueblo, mermando así su prestigio, siendo arrastradas al ridículo. ¡Y esto sí que agrava los problemas de "seguridad nacional"! Porque no hay peor situación, en seguridad nacional, cuando las FF.AA. no se apoyan en el conjunto del pueblo, cuando existe un abismo entre el pueblo y las FF.AA. ¡Esto es un problema de seguridad nacional!
Una ley que empujada por los patrones y por los oficiales reaccionarios y golpistas, pretende golpear selectivamente a los revolucionarios y colocar en la indefensión a la clase obrera. Esta ley 'opera' como consecuencia de una responsabilidad reformista.
Pero la paciencia de la clase obrera, el pueblo y los revolucionarios, tiene un límite. En virtud de esto, se hace legítima, más que nunca, la lucha por unificar al pueblo y los soldados de tal manera que la correlación de fuerzas de los oficiales reaccionarlos y golpistas dentro de las FF.AA. les sea absolutamente desfavorable.
5 La promulgación de la ley de control de armas fue una nueva concesión del Gobierno a la derecha. La ley fue propuesta por el DC Juan de Dios Carmona y aprobada en junio de 1972 gracias a la mayoría que tenía la oposición en el Congreso. En el marco de las conversaciones con la DC durante el paro patronal de octubre, Salvador Allende promulgó la ley el 21 de octubre. Bajo el amparo de la ley de control de armas la fuerzas armadas realizaron en el año 1973 allanamientos y represiones a los sectores más combativos del pueblo.
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Por todo esto, hemos dicho que la táctica del "diálogo" no ha sido levantada por casualidad por los reformistas. Lo que sucede es que quienes han conducido hasta ahora mayoritariamente a las masas, han sido educados en la lucha legal y parlamentaria. Y de pronto, se vuelven incapaces e impotentes para dar conducción a las masas por otras vías, en momentos cruciales. En verdad, los reformistas actúan como bomberos de un incendio que ellos mismos han contribuido a encender; un incendio que hoy, legítimamente, amenaza con destruir todo el antiguo aparato burgués.
Se necesita una conducción revolucionaria.
Lo que falla hoy en Chile no son las masas sino sus conductores, para momentos como los actuales en que la lucha empieza a salirse de los marcos preestablecidos de la legalidad burguesa. La lucha ha llegado a tal nivel que no admite, en lo fundamental, la táctica legalista. Definitivamente se necesita otra conducción, una conducción revolucionaria, una conducción para vencer.
Los reformistas y vacilantes, en estas circunstancias, de hecho empiezan a servir como verdaderos agentes sustentadoras del orden burgués.
Surge, entonces, como una de las tareas fundamentales, luchar incansablemente por recambiar las actuales conducciones reformistas del movimiento de masas, y levantar, apoyada sólidamente en la clase obrera y el pueblo, una conducción revolucionaria. Una vanguardia revolucionaria que, en estos momentos decisivos, logre imprimirle una dirección correcta, adecuada y audaz a la fuerza de las masas para conducirlas a la victoria de la revolución obrera y campesina.
Este es el mejor homenaje que podemos rendirle a la revolución cubana, es decir, al ejemplo de audacia, de heroísmo y de no flaqueza, de decisión revolucionaria que inspiró a un puñado de revolucionarios a asaltar el Cuartel Moncada, hecho que abrió condiciones históricas para la victoria de los días que le siguieron posteriormente.
Porque precisamente esto es lo que falta, en un momento de profundo viraje de la lucha de clases, en un momento de crisis en que se requieren nuevas conducciones. Se requiere de mayor audacia, de dar saltos hacia adelante, de no someterse a las exigencias ni a las vetustas estructuras y normas de una institucionalidad burguesa reaccionaria y caduca.
Por eso decimos, el mejor homenaje a la revolución cubana es justamente tomar las tareas revolucionarias y dar un vuelco de audacia, de heroísmo, de valentía revolucionaria para conducir esta fuerza de las masas hacia la conquista del poder y la implantación definitiva del socialismo en Chile.
Y ello nos lleva directamente a la frase de Fidel que expresáramos en un comienzo. ¿Es posible la revolución en Chile? Nosotros pensamos que sí; que hay fuerza suficiente, que hay disposición y energía suficientes.
Lo que es necesario hacer hoy y mañana.
En primer lugar, se ve como lo más nítido y como lo más claro, no llamar al diálogo con los enemigos del pueblo para caer en la trampa que tiende la burguesía. No llamar a respetar el estado de derecho, sino por el contrario, alentar y seguir alentando al poder popular, alternativo al orden burgués, que lucha permanentemente y crecientemente contra él.
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Creemos que lo que es necesario hacer hoy y mañana es levantar, agitar y hacer propaganda al Programa Revolucionario del Pueblo, de tal forma que las masas viertan en él sus aspiraciones más urgentes, sus necesidades más cotidianas. Y con este Programa Revolucionario orientar esta fuerza, organizar esta fuerza y darle una salida revolucionaria, una salida de triunfo.
Creemos que es tarea de hoy y mañana seguir creando y fortaleciendo el Poder Popular, convocar a la clase obrera y al pueblo a crear, fortalecer y desarrollar los Comandos Comunales. Es decir, ese instrumento de combate por excelencia de la clase obrera y el pueblo para imponerle a los patrones sus propias exigencias de clase, sus propias necesidades. Un instrumento que le permita a las masas oprimidas y explotadas de Chile decidir; que les permita avanzar, que les permita disponer y mandar, que les permita imponer sus condiciones a los patrones en cualquier terreno de la lucha, que les permita alcanzar el éxito para cualquier tipo de enfrentamiento.
Creemos, compañeras y compañeros, que estas tareas de agitación y propaganda del Programa Revolucionario y el impulso al Poder Popular son tareas de primera importancia. Asimismo, de máxima importancia es seguir conquistando y convocando al acercamiento revolucionario entre el pueblo y los soldados, de tal manera de formar una barrera infranqueable contra el golpismo y los reaccionarios para poder hacer la revolución.
No darle respiro a los patrones,
Hoy día los patrones nuevamente están amenazando con hacer un golpe reaccionario. Por tanto, la tarea de los revolucionarios, la tarea de las masas, es precisamente contraatacar con un gran salto hacia adelante, que no le deje respiro a los patrones.
Ahí están y lo mencionábamos, esas combativas movilizaciones de Barrancas, del Cordón Vicuña Mackenna, hoy día en la 5a y 6a comunas. Pero lo fundamental no es solamente destacar los elementos de la táctica revolucionaria; lo fundamental es señalar cuál es la táctica para el momento.
Nosotros pensamos que ello pasa por un paro nacional a proponerse a las organizaciones de masas y a la CUT. Un paro nacional de nuevo tipo, que incorpore no sólo a la clase obrera sino al conjunto del pueblo. Un paro que manifieste la disposición de la lucha de las masas, que pueda sumar a otros sectores bajo la conducción hegemónica de la clase obrera. Un paro nacional para exigirle al Gobierno que destituya a los oficiales que incitan al golpe. Un paro nacional que impida el aislamiento de los revolucionarios. Un paro nacional que impida el amedrentamiento militar reaccionario a las masas. En fin, un paro nacional para concentrar en un momento determinado el esfuerzo y la fuerza suprema de las masas para seguirle imponiendo sus condiciones revolucionarias al conjunto de los patrones y al imperialismo. Eso pensamos, muy en resumen, cuál es la táctica general y más inmediata.
Compañeras y compañeros.
Durante el transcurso de este acto hemos tratado de señalar la importancia de acumular fuerzas hoy día. Hemos señalado la importancia del Programa Revolucionario, del poder popular, de la unidad entre el pueblo y los soldados y de un paro nacional que coloque a la clase obrera a la ofensiva y a la iniciativa política.
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Todo esto permitirá redoblar el movimiento de masas y permitirá el
surgimiento y afianzamiento efectivo, actuante y práctico de una nueva vanguardia
revolucionaria en Chile, apoyada sólida y firmemente en las amplias masas
explotadas del campo y la ciudad.
A este respecto, la revolución cubana entregó infinitas lecciones. Nosotros
pensamos que la revolución cubana probó que la revolución era posible
estratégicamente en América latina, que abrió nuevos derroteros a las masas, que
generó una activa discusión en toda la izquierda, que rompió petrificados mitos
reformistas y que arrojó nuevas luces acerca de los métodos más correctos y
genuinos de la lucha para momentos cruciales. Nosotros pensamos que el asalto el
Cuartel Montada, ese verdadero asalto a la historia, a la audacia, a la voluntad y a
la decisión revolucionaria, nos señala la importancia decisiva que estos actos tienen
estratégicamente para el curso posterior y el triunfo de la revolución.
Queremos entonces decirles, para terminar, a propósito de la revolución
cubana y a propósito de la vigencia del asalto al Cuartel Montada como acto de
audacia y decisión revolucionaria; queremos decirles a propósito de estas cosas, a
los humillados de Chile, a los pobres del campo y la ciudad, a los ofendidos, a los
pisoteados, a los explotados, a la clase obrera, en este momento decisivo de la lucha
de clases en nuestro país:

¡Hagamos, en las condiciones especificas y particulares de Chile, nuestro
propio asalto a la historia!

¡VIVA LA REVOLUCIÓN CUBANA!
¡VIVA EL PUEBLO REVOLUCIONARIO Y COMBATIENTE DE CHILE!
¡VIVA EL INTERNACIONALISMO PROLETARIO!

1 comentario:

  1. mario fernandez19 julio, 2011 15:15

    me parece excelente que publiquen esto tan ceca de un nuevo aniversario al cuartel moncada, lo triste es darse cuenta que las palabras pronunciadas por el bauchi en esas oportuidad sigan siendo las mimas qeu deviesen pronunciarse hoy, uqe casi treinta años despues la situacion es la misma en nuestro pais, valoro mucho la iniciativa de subir material del compañero ya que es algo desconociado por las nuevas generaciones, sigan haciendolo por que la claridad politica del compañero es de gran aporte para cear una vision de la realidad actual.

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